Porco:
Porco
(El
Club, 1994) |
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Página/30. Agosto
de 1994.
En el terreno que los fanáticos
de las clasificaciones no dudarían
en catalogar como trash rock (esto
es, letras duras, o más bien durísimas,
sumadas a un tratamiento musical descarnado)
se ubica, hasta cierto punto, una de las
producciones independientes más
interesantes de los últimos tiempos.
Porco, nombre del grupo y de su disco debut,
suma a la visceralidad de su propuesta
algunos detalles ocultos —o no tanto— que
remiten a Frank Zappa o a King Crimson.
El otro punto a favor es una presentación
sumamente cuidada, que incluye todas las
letras. Una muestrita: “Un punto,
un contacto y un filo que te parte un labio,
un rostro copiado de revista Vogue.
La lengua que empuja al estómago
recibe, los dientes descifran, la química
se ríe... ”. Además
del plantel estable (Gabriel Ferro en voces,
Sergio Alvarez en guitarras, Alejandro
Goyeneche en bajo y contrabajo y Arnando
Taurel en batería), aparecen dos
o tres invitados de peso, entre ellos los
saxofonistas Sergio Dawi, Damián
Nisenson y Zeta Yeyati, el sitarista Sergio
Bulgakov y el clarinetista Marcelo Barragán.
El
Musiquero.
Porco es una de las bandas
que comenzó a
sonar con fuerza durante el año
que pasó, y en éste, su primer
CD editado en producción independiente,
demuestran por qué. Porco es una
de esas anomalías tan raras como
bienvenidas dentro de la música
actual: una banda “alternativa” con
alto grado de musicalidad y consumado dominio
de sus instrumentos. Buena parte de esa
responsabilidad recae sobre el guitarrista
Sergio Alvarez, autor de todas las músicas
en los 20 temas del álbum, un instrumentista
original que no teme meterse en métricas
irregulares y complicados arreglos, introduciendo
además instrumentos inusuales como
sitar y clarinete para colorear el sonido.
Porco se inscribe en la línea de
bandas a la vez alternativas y progresivas,
como Primus y Living Colour, aunque se
ve que han escuchado desde Zappa hasta
Rush. Hay quizás cierta excesiva
obsesión escatológica en
el cantante Gabriel Ferro (que necesita
mencionar constantemente palabras como
muerto, chupo, tortura, puto, concha, mierda,
etc.) pero fuera de eso el de Porco es
un debut realmente poderoso y prometedor.
Señales
Rock.
Sin fecha.
Por F. K.
Una alternativa extraña nos ofrece
Porco: letras para el infarto, rock potente —a
veces punk—, mucha fuerza y un show
en vivo que no puede verse desde este CD.
Gabriel Ferro —voz—, Sergio
Alvarez —guitarra—, Alejandro
Goyeneche —bajo y contrabajo—,
y Arnaldo Taurel —batería
y percusión—, rompen con los
esquemas de la lógica: “Puto
mandril” —el puñal en
el orto—, el fantástico “Por
tí, Evaristo” —me arrancaré los
pelos del culo—, “Gogogodoy
y su mona marido” —la araña
culea y me obliga a que le chupe los ojos—, “Soy
mi lengua” —un lento bárbaro—, “Armas
a la virgen” —pregunta irreproducible—, “Una
mujer toca un dibujo al piano” —dejá que
tu clítoris traduzca lo que quiera—, “La
Católica” —con varias
frases para rescatar—, “Mamá y
Papá”, “La noche que
quemamos a la señorita Covers” —otra
creación de lujo—, y otros
que hacen un total de 21 temas. Invitados:
Damián Nisenson (Los Twist), Marcelo
Barragán (ex Estado Mayor Conjunto),
Sergio Dawi (ex Los Argentinos y Los Redondos)
y Zeta Yeyati. Sexo y muerte, sexo y religión,
sexo y sexo. Porco, poesía y huevos,
lo vas a agradecer toda tu vida.
Revólver. Núm.
3, diciembre de 1994.
Porco, porno, triple
XXX, cuatro, cinco, seis, siete, todas
las X que te puedas imaginar no alcanzan
para darte una idea de qué tan
hardcore son las letras de este disco
debut de Porco. Algunas las tildaron
de escatológicas, pero
son mucho más que eso (el hecho
de que tengan títulos como “Puto
mandril” o “La vida es una
mierda” es sólo una circunstancia).
Mis castos oídos de joven de clase
media educado en colegio católico
se sorprenden y se excitan escuchando todas
estas perversiones. Sexo, violencia, soledad,
tortura, sexo y más sexo. Porco no
es un disco para gente impresionable, prejuiciosa,
pacata o recatada, y por lo tanto es un
disco no apto para una compañía
multinacional o para una “indie argenta” que
lo único que tiene de independiente
es el bajo presupuesto que les asigna a
las bandas. Porco es una cuidada
producción independiente editada
en CD, recomendable para gente que busca
nuevas experiencias, musicales y de cualquier
tipo. Nada de erotismo, sólo sexo
explícito. Grabado en los estudios
Panda con la producción artística
de Guido Nisenson y Mario Breuer, no hace
falta agregar nada más de la parte
técnica.
Musicalmente es muy difícil de encasillar
a Porco en un estilo determinado, lo que
es bueno y no muy común en la escena
local. Tiene algo de progresivo, puede
recordar a Mr. Bungle, puede parecerte
Jane’s Addiction llevado al extremo
o podés pensar en una sinfónica
con kilos de Valium encima. A medida que
pasan los temas se pueden escuchar, además
del tándem guitarra – bajo – batería,
saxos, flauta traversa, violoncello, sitar,
clarinete y percusión.
La voz de Gabriel Ferro suena, cómo
decirlo..., extraña... no, no es
el término, molesta... sí,
es el término justo; suena molesta
como un torno de dentista sobre el tímpano.
Esto no parece ser un defecto sino algo
completamente voluntario, una especie de
chillido agudo que va saltando sobre un
manto de virtuosismo instrumental sin tratar
de llegar a ningún lado, pero que
consigue un efecto bien determinado: exasperar
al oyente.
La tapa con una lluvia de fármacos
sobre una boca desesperada por tragarlos
es una imagen ideal para el concepto del
disco, pura química sin nada de
piedad, la patada en la cara combinada
con la caricia perversa.
Más alternativos que toda la movida
alternativa junta, Porco optó por
la independencia discográfica y
no conoce de puntos medios: o morís
empalado por su amor o los odiás
apasionadamente, pero nunca te van a pasar
desapercibidos.
Por
eso es que quizá me resulte
difícil imaginarme a un ejecutivo
de cualquier compañía discográfica
canturreando el estribillo de “Por
tí, Evaristo”, uno de sus
temas: “me arrancaré los pelos
del culo, por tí Evaristo... ”.
No way, ellos se lo pierden. (Luis Lecumberry)
Generación
X. Núm. 138, 3 de noviembre
de 1994.
Rock chancho
*** (3/5)
Pocas
veces el nombre elegido por una banda
define tanto el contenido de sus temas.
Porco es una banda chancha, antiecologista,
zarpada, pero sobre todas las cosas muy
divertida. Usando básicamente
el rockanroll, pero recurriendo también
a otras vertientes, Porco destila en
su música toda la potencia de
una banda con bronca. Pero el elemento
fundamental está en las letras,
que hablan de vírgenes, machos
y hasta un “Puto mandril”.
Arreglado, producido, editado y distribuido
por la banda, este primer trabajo de
Porco demuestra que se puede hacer un
trabajo de buena calidad y por cuenta
propia.
(Publicación
desconocida). Sin fecha.
Grabado de manera independiente en Estudios
Panda, el debut discográfico de
esta banda no es apto para oídos
insensibles —leé bien, dice “in”—.
Sí, una de las primeras cosas que
hace impacto en tu cerebro es indudablemente
la música, una endiablada melodía
rabiosa y a la vez dulce que te deja la
sensación de no saber si querés
que siga o que se acabe rápido.
Pero esto no es todo: si te pasa como a
todos nosotros, mortales curiosos y ávidos
de información, que mientras tu
cabeza rechina entre estruendos varios
se te ocurre intentar seguir los temas
con la transcripción de las letras
en tus manos... ojo, el efecto causado
puede llegar a ser irreversible. “Armas
a la virgen”, “Se le conserve
el marcho”, “No salven al panda” son
sólo algunos ejemplos. Ni ahí que
nos vamos a hacer cargo de tu estado posterior,
pero si te animás ¡probá!
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