Electroalvarez:
Volumen II. Música para bailar llorando
(Ultrapop, 2006) |
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Rolling Stone. Febrero de 2007
The Sergio Alvarez Experience
Muy bueno (***1/2)
De una u otra manera, el guitarrista Sergio Alvarez está asociado a la vanguardia. En los 90, junto al ahora “hypeado” Gabo Ferro, fundó el mítico grupo Porco, de performances extremas, sonido duro y letras difusas y escatológicas. Luego, con el cambio de milenio, encaró el proyecto Panza (¡telonearon a Living Colour, Jon Spencer y Stephen Malkmus!) donde continúa desarrollando sonoridades oscuras y potentes. Mientras tanto, junto a Franco Fontanarrosa, Martín Pantyrer y Lulo Isod, milita en La Mujer Barbuda, un combo porteño digno de la Knitting Factory de Nueva York.
A todo esto, en 2003 apareció Volumen III: Música para contestadores, su primer disco solista, con ¡42! tracks experimentales. Ahora continuando con esta saga inusual llega el Volumen II, dedicado a la música electrónica, pero con Alvarez firme en su rol de guitarrista.
Música para bailar llorando no es un disco sencillo. De movida, porque es producto de dos sesiones de “buclergios”. ¿De qué? Un buclergio (neologismo creado por el compositor) es “la intersección espacio-temporal entre mi ser, moléculas de aire, y algún mecanismo que registre y repita la manipulación de dichas moléculas”. El resto del disco está compuesto por una zapada junto a DJ Salvador, quién junto a Victor Volpi se encargó de las baterías y la edición disco.
Aunque la esencia de este volumen (y del proyecto) es la improvisación, las músicas que integran el compacto no remiten a ningún género en particular ( aunque, por ejemplo, en “El aleph de estación Constitución” haya beats de malambo y grooves de funk en “Comunión Boa Ratón”). El género sería electrónica, cierto, pero no cumple una función específica (es decir: no es apto ni para el chill out, no para el dance floor). Acaso una referencia adecuada sea el Gordoloco Trío, ya que existe un diálogo posible entre ambos proyectos.
Pero Música para bailar llorando es un trip avant garde, por momentos hipnótico, cerebral y desconcertante, que genera un saludable estado de inquietud. (Humphrey Inzillo)
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